Trabajar para uno
Mi propio jefe, compatriotas.
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En PREVEO creemos que los proyectos exitosos no dependen únicamente de grandes decisiones, sino de cómo se gestiona el día a día. De la planeación rigurosa, del control constante y sobre todo, de la capacidad de anticiparse a los riesgos antes de que se conviertan en problemas.
Hoy, más que nunca, el futuro del trabajo y de la gestión de proyectos exige eficiencia real: equipos bien coordinados, procesos claros y decisiones basadas en información confiable. No se trata de trabajar más horas, sino de trabajar mejor, con metodologías que permitan cumplir objetivos sin sacrificar calidad, tiempos ni recursos.
En PREVEO acompañamos a nuestros clientes precisamente en ese camino. Desde la Veeduría de Gestión y la Supervisión Técnica, hasta la revisión de presupuestos y la programación de obra, nuestro enfoque está orientado a ordenar, controlar y optimizar cada etapa del proyecto. Cuando los procesos están bien estructurados, los resultados dejan de ser una apuesta y se convierten en una consecuencia natural.
Gestionar bien no es solo una buena práctica: es una decisión estratégica. Y quienes la toman hoy, son los que liderarán los proyectos del mañana.
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Se murió Scott Adams, famoso caricaturista, trumpista prematuro (le valió el adjetivo disgraced en titulares sobre su muerte), y más importante -para mí- autor de un libro que me cambió la vida.
La historia de cómo di con él vale la pena relatarla pues en este ambiente cultural en el que tanta gente anda activamente en busca del libro que le cambie la vida, a mi How to Fail at Almost Everything and Still Win Big (qué osadía poner un título así) se me cruzó por casualidad.
Me habían contratado para escribir un libro de historias de emprendedores (mi famoso primer libro del que nunca hablo, salvo en todas las ocasiones que puedo), y la idea es que fuera novedoso porque iba a hablar de fracaso (spoiler alert: para ese momento ya hablar de fracaso era mainstream). Sin saber cómo se empieza a escribir un libro tuve la intuición (correcta, lo creo todavía) de que primero debía tener algo en la cabeza, aka investigar. Busqué la palabra failure en Amazon y pedí cuatro o cinco libros que me llamaron la atención. Los ojeé todos y el único que me interesó fue el de Scott Adams. Lo empaqué en la maleta y lo leí en Chicago, a donde fuimos a visitar a mi hermana.
A diferencia de los otros libros que pedí, el de Adams no intentaba convencerme de que el fracaso era deseable; insight que me costó 80 dólares y que habría obtenido, con menos esfuerzo, quebrando la galleta de la fortuna que viene con la cuenta del restaurante chino. Adams no hablaba de reinterpretar el fracaso y volverlo un aliado, sino que se concentraba en el periodo previo al fracaso, el de decidirse a hacer algo. Es en ese momento, a la hora de plantearse un proyecto o de sentarse en el cubículo ante los ojos vigilantes de un nuevo jefe, cuando el individuo puede hacer un quiebre mental (o como dicen ustedes, queridos estartaperos, de mindset) y afrontar el futuro desde una perspectiva de sistemas y no de metas.
“El modelo de sistemas versus metas”, escribe Adams, “puede aplicarse a la mayoría de actividades humanas”. En el universo de la nutrición perder 20 kilos es una meta, pero comer sano es un sistema; en el deporte la meta es hacer la maratón en menos de cuatro horas y el sistema es hacer ejercicio todos los días. “Las personas orientadas a las metas existen en un estado de continuo fracaso que antecede al éxito, y de fracaso definitivo si las cosas no funcionan. La gente con sistemas tiene éxito cada vez que aplican sus sistemas”.
Ahora que vuelvo a revisar el libro reconozco que lo que me pareció iluminador hace unos años hoy, luego del impresionante boom de la literatura de hábitos, puede parecer banal. Pero no hay que perder de vista las implicaciones serias de la tesis de Adams.
Implicaciones serias de la tesis de Adams
Cuando alguien empieza un trabajo tiende a creer que trabaja para su jefe o, si le cae mal el jefe, entonces se dirá que trabaja para la organización. Adams dice que el camino al éxito consiste en desarrollar sistemas cuya aplicación vuelvan al individuo cada vez más valioso para el mercado. Este es el insight que cambió mi vida. ¿Qué significa eso? Que uno no trabaja para su jefe. Nunca. Ni para su organización. Uno siempre trabaja para uno mismo.
Y en los proyectos: uno no intenta crear el podcast más exitoso. Uno no intenta escribir el libro más aclamado. Uno -y esta es mi diferencia filosófica con la aproximación estartapera (ver el muy buen episodio de A. Bilbao con Saju)- no se plantea llegar a un gazillion dollars en un año. Sino que, cuando se tiene la aproximación a la vida desde sistemas, se dedica a sus proyectos de tal manera que incluso si fracasan se salga mejor librado que si no se hubiera intentado. Se trata de concentrarse en los inputs, esas acciones claves con las que se persigue la meta, y no tanto en los outputs, esto es, el gazillion dollars.
El enfoque despiadado en la meta pierde de vista un hecho importante (facto, dicen ustedes) y es que los medios son más valiosos que los fines. Y son más valiosos porque son los medios los que nos moldean, no los fines. De hecho, como escribe el filósofo Harry Frankfurt, lo más valioso de adoptar un determinado fin es el sistema de medios al que nos somete.
Lo que estoy diciendo es que este modelo de trabajar orientado a sistemas y no a metas paga tan bien -en moneda aprendizaje- que hace inevitable el éxito futuro.
Lo que ustedes se están preguntando es que si eso no es acaso cierto respecto de cualquier acción humana. Que todo trabajo -por mal que salga- y todo fracaso -por dramático que sea- trae lecciones. No me convence. Esa manera de pensar me parece que está enmarcada en este late-stage era de la mentalidad positiva en el que todo lo malo es una lección que nos quería dar la vida y que, como todo, hace parte del camino (insert the eye roll). Lo que yo digo no implica ir disvariando por la vida confiando en que el camino está preiluminado para nosotros. Todo lo contrario: antes de empezar el camino hay que procurar iluminarlo.
Voy a dar un ejemplo y me disculpan pero me perdonan que sea en el mundo de los podcasts. Digamos que hay dos podcasts de entrevistas cuyos hosts son bastante parecidos en algunos de sus rasgos esenciales, no sé, atléticos, fornidos, aparentando erudición y estadismo. Supongamos que entrevistan a las mismas personas y que al cabo de un año han llegado, los dos, a un millón de reproducciones. Visto desde afuera, los dos podcasts tuvieron una trayectoria idéntica. Pero por testimonio de los entrevistados sabemos que los estilos de los hosts fueron totalmente diferentes. El host A recibió al invitado con una música que le recordó su infancia, las preguntas que le hizo demostraban que había investigado a profundidad la trayectoria del entrevistado y el contexto en el que se desarrolló su vida. El host B, en cambio, no lo recibió personalmente, sino que fue su asistente quien le dio paso y le pidió que esperara unos minutos mientras host B terminaba con su anterior entrevistado (había programado tres entrevistas para ese día). “Me sentí como una vaca haciendo fila en el matadero”, diría después el entrevistado a quien su insensibilidad por la causa animal se le perdona por vía de su edad. Eran otros tiempos.
No importa que los entrevistados todos dijeran que les había parecido más interesante la entrevista con A que con B. Los numeros son los mismos y a juzgar por los comentarios, el público disfrutó tanto la una como la otra. El host B está satisfecho pues cumplió su meta de llegar a un millón de reproducciones, el host A no tenía ninguna meta en mente, pero siente que hizo un buen trabajo y, aunque admite que revisa obsesivamente las cifras del podcast B, dice que le tiene sin cuidado que su competidor obtuviera los mismos resultados a pesar de no haberse preparado con tanto ahínco.
Bajo el criterio de eficiencia, host B es mucho más eficiente que host A. Dedicó menos horas y obtuvo los mismos resultados. Con su proceder industrial supo despachar tres y hasta cuatro entrevistas en un día, mientras que host A se limitaba a hacer, por mucho, dos a la semana. Pero ahí viene el asunto de los sistemas y la importancia de diseñar la manera como uno trabaja. ¿Qué posibilidades surgen de restringirse a hacer una o dos entrevistas a la semana, sabiendo que en un mes de trabajo agitado podría grabar la programación de todo un año? Para empezar, prepararlas con suficiente profundidad. Además: atender cada una con toda la intensidad del caso. A veces veo entrevistas de hosts tipo B y tengo la certeza de que es la segunda o tercera que graban ese día. No estoy criticando. Solo estoy mostrando la diferencia entre el orientado a metas y el orientado a sistemas. El orientado a metas se dice si ejecuto bien voy a lograr el objetivo; el orientado a sistemas se dice si ejecuto de esta manera particular voy a quedar mejor parado en el futuro.
¿Qué habría pasado si ni B ni A llegan a un millón de reproducciones? B habría fracasado. Mientras que A quizás se habría sentido mal pero ahí sí, como dice el dicho, nadie le habría quitado lo bailado: los conocimientos que adquirió preparándose para las entrevistas, las habilidades que moldeó con la práctica deliberada de su oficio, los contactos que al haberles puesto música de su infancia, quién quita, depronto le devuelven la llamada cuando este los necesite.
El trabajo nos moldea y no, no es lo mismo trabajar como A que como B; la “vida” no está esperando para darles lecciones a los dos: la manera como trabajan determinan en gran parte su -perdonenme la indigna palabra- valorización futura. Ese es el insight de Scott Adams que a mí me cambió la vida.
Recomendación de la semana:
Marty Supreme o Marty Supremo (español latino) o El pelotas (español de españa)
Gran gran película.
Últimamente en Atemporal: 1. Entrevisté a Maria Isabel Ulloa, directora de ProPacífico, sobre el estallido social en Cali y el proyecto Compromiso Valle que nació en esa coyuntura y sirvió para restablecer la normalidad.
Conversé con Andres Arias, autor de Los gritos, un libro sobre la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla.





Algo así me pasó buscando ofertas de trabajo. En lo que pude separar la meta ( conseguir o no la oferta ) del sistema ( mantenerme preparado, pulir mis habilidades, sondear el mercado ), eso me hizo más llevadero el proceso y asimiliar mejor los resultados mientras avanzaban las aplicaciones. Gran enseñanza del creador de Dilbert y tremenda interpretación de tu parte!
me encantó!! gracias por compartir!