Preservar la opcionalidad a toda costa
¿Quién más mezcla a Silicon Valley y al pdte Gaviria?
Estuve en la comuna 13 de Medellín conversando con jóvenes de la ciudad que tienen proyectos o la intención de empezar uno. He notado que las preguntas que me suelen hacer en este tipo de espacios tienen detrás una preocupación singular (la gente joven más que una pregunta tiene una preocupación, mientras que los grandes más que preguntas tienen comentarios). La preocupación singular es si lo que están pensando hacer es un acierto o no. Una preocupación que delata una mentalidad del todo o nada. “Siempre quise el mundo entero o nada en absoluto”, escribió Charles Bukowski. Es el ímpetu romántico que quiere comerse el mundo y que le hace creer al individuo que el juego es ganable, que la fuerza de su espíritu basta para domar a la naturaleza, que todo lo que se proponga en la vida va a lograrlo. El espíritu romántico descree de la modestia, o al menos no se deja limitar por ella. Isaiah Berlin escribió un libro entero para demostrar que del romanticismo surgió el liberalismo. Yo tengo mis dudas porque veo en los totalitarismos del siglo XX un tufillo romántico. Esa noción de que se va a poder remendar el mundo a punta de genio y voluntad. Es la premisa fundacional del totalitarismo que ha llegado a Colombia: la gente (según ellos una misma gente) que gobernó durante 200 años no pudo (o no quiso) hacer lo que había que hacer y ahora llegaron ellos que sí van a hacerlo.
Me parece natural que al joven recién graduado lo invada el espíritu romántico. Asoma la cabeza por primera vez por fuera de la institución educativa y divisa allí afuera un mundo entero esperando a ser domado. Como todavía no ha probado el fracaso mantiene la capa de arrogancia que lo convence que, a diferencia de tantos que lo han intentado, él sí va a ser capaz. El romanticismo juvenil viene con una voluntad arrasadora (que a mí me parece positiva), pero también viene con la ansiedad suprema de no fallar. La ansiedad de fallar no se quita nunca, pero en esas primeras etapas es particularmente peligrosa porque se complementa con la mentalidad del todo o nada. El joven cree que de su próximo paso depende comerse el mundo entero o privarse incluso de las migajas. Esa es la angustia que permea las preguntas de estos jóvenes y la podría resumir en una sola preocupación, así suene ridícula: ¿cómo me aseguro de acertar y, ojalá, de manera definitiva?
Difícil pregunta porque acertar y asegurar son palabras fáciles de pronunciar pero cuya materialización escapa del control humano. Mis respuestas a estas preguntas son una versión de la misma idea: al ímpetu romántico hay que sumarle una mentalidad de prueba y error.
Nadie acierta a la primera. Nadie tiene nada asegurado. Hay que ir a ver qué pasa. Esa es la mentalidad de la prueba y el error, del método científico. Es una visión menos emocionante para un joven, pero creo que más liberadora. Es un replanteamiento radical de las expectativas: no te vas a volver una superestrella en tu primer trabajo; tu primera empresa probablemente no va a funcionar, así como la novia del colegio no terminó siendo tu esposa. Ubicarse en la vida tiene un costo y el costo es tiempo y aprendizaje. Prueba y error.
Chamath dice una cosa que me parece fundamental: hay que preservar la opcionalidad a todo costo. Esto es difícil de hacer porque uno tiende a revertir a la mentalidad del todo o nada. Constantemente uno siente que la vida le está planteando una elección inevitable entre la opción A y la opción B. Chamath dice que en vez de escoger la mejor alternativa hay que escoger preservar la opcionalidad. Como dicen los que saben de negociación: “el que no se puede parar de la mesa ya perdió”. El presidente Gaviria (¿quién más los pasea entre Silicon Valley y el presidente Gaviria? Sepan valorarme) me contó una anécdota que ilustra esta idea de preservar la opcionalidad. La guerrilla había volado varios puentes en Urabá y en una reunión con los mandos militares le plantearon el panorama al presidente Gaviria: “tenemos que decidir si usar el Hércules que está funcionando (era uno solo) para traer comida o para traer agua o para traer combustible”. Una disyuntiva imposible. A la cual el presidente Gaviria respondió: “No, pero qué carajos, hagan ustedes lo que crean que tienen que hacer. No me pongan a mí a decidir eso. Hagan lo que tengan que hacer y punto”. No me dejé encerrar en esas disyuntivas, dice el presidente Gaviria, sobre ese episodio con los militares. Preservar la opcionalidad a todo costo.
Esta idea de preservar la opcionalidad parece chocar con otra idea en la que creo mucho que es la del enfoque. ¿Cómo enfocarse y preservar la opcionalidad? ¿Es acaso posible?
Una primera respuesta es que hay momentos de foco y otros de dispersión, de probar opciones. Para muchos, los 20 son una exploración, una degustación de la opcionalidad, de descubrir en qué es bueno uno y qué cosas lo mueven. Luego llegan los 30 y con ellos una presión por el foco, por explotar eso que uno ha previamente explorado y ha concluido que es el camino.
¿Esto quiere decir que uno renuncia a la opcionalidad en sus 30? Mi respuesta es que no. La manera como he compatibilizado la opcionalidad y el foco es que el foco va en el que mientras que mantengo opcionalidad en el como. Me he enfocado en escribir y entrevistar. Ese es el que. Pero he mantenido suficiente ambiguedad estratégica en cómo lo hago de tal manera que preservo la opcionalidad. Casado con el oficio pero ambiguo respecto a los intereses a los que lo direcciono. Este newsletter, por ejemplo, ¿acerca de qué es? ¿Cuál es el tema? Creo que a ustedes les quedaría tan o más difícil que a mi indicarlo. Es así deliberadamente. Mi seguro contra el aburrimiento. Mi garantía de poder cosechar los beneficios de las apuestas de largo plazo. Hace quince días escribí una meditación sobrecafeinada sobre una montaña y hoy estoy haciendo compatibles al presidente Gaviria y a Silicon Valley. ¿Qué viene dentro de quince días? Quién sabe. Ahí está la gracia. Ahí estoy yo preservando la opcionalidad.
Recomendación de la semana:
En este video Chamath habla, entre otras cosas, sobre preservar la opcionalidad.
Últimamente en Atemporal: Entrevisté a Alberto Carrasquilla sobre el estallido social, su reforma tributaria y mucho más!
Conversé con Martin Ibarra sobre las dificultades que han impedido a Colombia ser un país exportador.
Esta edición del newsletter es posible gracias a COMFAMA. Me emocionó mucho saber que gracias a un trabajo conjunto de COMFAMA y sus aliados ahora es posible conocer Cerro Tusa, una montaña que crecí viendo en viajes familiares al suroeste antioqueño.
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