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Jose P. Jaramillo C.'s avatar

De acuerdo. Se ha distorsionado el concepto.

Al final: “Somos lo que hacemos” (así señaló el historiador estadounidense W. Durant para resumir el pensamiento de Aristóteles acerca de la excelencia). Solo lo que hacemos nos define; ni lo que pensamos, ni lo que decimos y mucho menos lo que leemos por ahí.

I. Kant es implacable en sus imperativos categóricos: solo quien se comporta, ES (el acto subordina la etiqueta): aquel que estudia es estudiante, aquel que dice la verdad es honesto, aquel que cumple su palabra es coherente, aquel que se compromete (con actos de servicio y entrega) es confiable, aquel que da (y más importante aún: aquel que se da a sí mismo) es generoso.

Disfrazamos con palabras nuestras carencias (“Dime de qué presumes y te diré de qué careces”); el ego necesita etiquetar precisamente lo que no somos para que nos sintamos acogidos (justificados?).

G. Hegel define el valor social de una persona por sus actos evidentes y no por su bondad aparente. Y con evidentes se refiere a aquellos contrastados por los demás, por los que se benefician o padecen las consecuencias de nuestros actos. Podemos pontificar individualmente, sin embargo la verdad surge de la evaluación del otro, de allí su importancia.

CoCiencia - Cocina y Ciencia's avatar

Me perdonan, pero me disculpan, pero lo comparto al 100%... hablemos del concepto de felicidad que va por lo mismo

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