Gracias, Andrés, por estas valiosas reflexiones que confirman que la historia suele ser víctima de los sesgos de quienes la narran, con mayor o menor incidencia según el contexto y la intención. Esto hace mandatorio instruirse desde al menos cuatro fuentes distintas, y apegarse rigurosamente a los hechos que cuentan con evidencias verificables.
El juicio de Núremberg, tras la Segunda Guerra Mundial, fue precisamente un acto fundacional en esa búsqueda: evidencias registradas por los propios perpetradores se convirtieron en la base para reconstruir los hechos desde una mirada más objetiva.
La historia debe aspirar siempre a miradas múltiples: las de víctimas y victimarios, las de hechos y las hipótesis que los interpretan. Como humanos, seguiremos siendo vulnerables a nuestros sesgos particulares, pero es justamente el contraste y la riqueza de fuentes diversas lo que permite cerrar la brecha entre la realidad vivida y la narrada.
Conocemos la historia porque conocemos una narrativa que es por antonomasia: subjetiva ("no vemos el mundo como es, sino como somos" I. Kant). Lo que leemos, la narrativa, es más un compendio de emociones que una secuencia racional de hechos.
Así que para entender lo que pasa solo nos queda acudir a varias fuentes que, solo en sus coincidencias, permiten aproximar lo que pasó.
Al margen de lo anterior, siempre habrá una necesidad psicológica de, ante la tragedia, señalar un culpable o al menos de liberarnos de la culpa, responsabilizando al otro. En nuestra cultura esto es omnipresente y le damos más relevancia a la actuación del otro para explicar en ello la renuncia a nuestra propia agencia sobre los hechos.
Gracias, Andrés, por estas valiosas reflexiones que confirman que la historia suele ser víctima de los sesgos de quienes la narran, con mayor o menor incidencia según el contexto y la intención. Esto hace mandatorio instruirse desde al menos cuatro fuentes distintas, y apegarse rigurosamente a los hechos que cuentan con evidencias verificables.
El juicio de Núremberg, tras la Segunda Guerra Mundial, fue precisamente un acto fundacional en esa búsqueda: evidencias registradas por los propios perpetradores se convirtieron en la base para reconstruir los hechos desde una mirada más objetiva.
La historia debe aspirar siempre a miradas múltiples: las de víctimas y victimarios, las de hechos y las hipótesis que los interpretan. Como humanos, seguiremos siendo vulnerables a nuestros sesgos particulares, pero es justamente el contraste y la riqueza de fuentes diversas lo que permite cerrar la brecha entre la realidad vivida y la narrada.
Conocemos la historia porque conocemos una narrativa que es por antonomasia: subjetiva ("no vemos el mundo como es, sino como somos" I. Kant). Lo que leemos, la narrativa, es más un compendio de emociones que una secuencia racional de hechos.
Así que para entender lo que pasa solo nos queda acudir a varias fuentes que, solo en sus coincidencias, permiten aproximar lo que pasó.
Al margen de lo anterior, siempre habrá una necesidad psicológica de, ante la tragedia, señalar un culpable o al menos de liberarnos de la culpa, responsabilizando al otro. En nuestra cultura esto es omnipresente y le damos más relevancia a la actuación del otro para explicar en ello la renuncia a nuestra propia agencia sobre los hechos.
Lo qué escribes afirma más una de mis frased preferidas: "Los datos son los datos lo demás es narrativa"