Cuando al presidente Eduardo Santos (1938-1942) le pedían que declarara la guerra contra las potencias del Eje, él contestaba que le parecía un poco ridículo que un país con un ejército tan modesto -en ese entonces, por ejemplo, teníamos tan solo un navío para patrullar toda la Costa Pacífica- se involucrara en peleas que lo excedían. Valga recordar que no fue sino hasta el gobierno de Uribe que el ejército colombiano adquirió un tamaño similar al de los demás ejércitos… latinoamericanos. Con razón Eduardo Santos convocaba a la modestia; un país debe ser consciente de sus proporciones y del lugar que le corresponde en la esfera de los asuntos globales.
Casi cien años después, Colombia vuelve a ser un jugador marginal en el gran debate de nuestra era. A nadie le importa lo que acá digamos o hagamos en materia de Inteligencia Artificial. Claro que no me sorprendería que se apruebe pronto un proyecto de ley de corte robledista que prohíba el uso de chatbots de IA, o mejor todavía -y más colombiano- que limite su uso al chatbot autorizado, que además ha sido programado por un megacontratista del Estado con domicilio en Cúcuta o La Guajira y cuya arquitectura digital es casi tan elegante como la del Muisca de la DIAN.
Mientras avanza el debate sobre IA, Colombia permanece a la expectativa de ese mundo nuevo que está mutando cada día sin nuestra intermediación y muy a pesar de nuestros instintos regulatorios. Nuestro rol en este debate es el de meros observadores y fue en esas, viendo una entrevista a Bill Gates, que algo me llamó la atención. Hasta el momento, dijo Gates, la IA ha creado más trabajos de los que ha destruido.
Todos hemos tenido la intuición: Claude es mucho mejor que uno. Es cuestión de tiempo, concluimos, para que los empleadores prefieran pagarle a Claude que a un ser humano con sus dramas y su fatiga y su modus operandi de ir al médico no porque está enfermo sino para pedir una excusa para no ir a trabajar (paréntesis: ¿cuánto de la insostenibilidad financiera de la salud es en realidad un problema de satisfacción laboral?). Pero aun así, con todo en contra, los trabajadores de carne y hueso seguimos prevaleciendo y el temido jobspocalypse no termina de asomar.
Más que reemplazarnos, la IA nos está potenciando. Esa, al menos, ha sido mi experiencia. Siempre que quiero procrastinar porque una tarea me parece tediosa resulta que Claude es buenísimo haciendo los reportes, las propuestas y organizándome las finanzas. Las otras -preparar entrevistas, escribir, editar- las hago mejor yo. O por lo menos eso es lo que me seguiré diciendo.
Lo que me lleva a una breve reflexión sobre la agencia humana. Se ha dicho mucho que la IA será el fin de la agencia humana. Que dejaremos de intentar incidir sobre nuestro futuro y nuestro entorno y que no volveremos a trabajar, pues la IA todo lo hará. Recibiremos una pensión y dedicaremos nuestro tiempo al ocio, como predijo hace años Keynes, y como soñó tanto nuestro former president. Pero no, como dice un amigo, aquí seguimos desafortunadamente generando valor para los accionistas. Ya quisiéramos que la IA nos hubiera reemplazado: que fuera ChatGPT quien saque la fuerza de voluntad para quitarse de encima la cobija en las madrugadas frías, que la baldosa que escupe le empapara el pantalón a Claude y no a nosotros. Pero no: como tantos sueños del former president, este es otro que afortunadamente no ha sucedido.
La que iba a enterrar a la agencia humana parece haberla desenterrado. Gran parte del descontento con el trabajo tiene que ver con que los trabajos -incluso los de los knowledge workers- se han adecuado a un paradigma industrial, a una línea de ensamblaje, ya tangible, ya invisible. Humanos imitando máquinas. Eso resume la experiencia laboral de muchas personas. Cada tarea se ha sistematizado, secuenciado, reducido a una sucesión de procesos casi mecánicos. Hasta la creación artística ha sucumbido a metodologías industriales, al project management, y se la ha ceñido a una estricta ecuación de inputs y outputs. El poeta Darío Jaramillo lo dijo mejor que nadie: uno simplemente no puede decidir que va a escribir un poema un lunes a las diez de la mañana.
Ha llegado a nuestras manos una supermáquina, la mamá de todas las máquinas, una que se puede ocupar de todo lo secuenciable, de todas esas tareas que implican una clara y definida sucesión de pasos. Y lo hace mucho mejor que nosotros. ¿Para qué entonces ponernos en ello? Más bien nos podemos dedicar a tareas menos fácilmente secuenciables, a esas que requieren de epifanías en algún momento en la ruta de su concreción, tareas que tienden al caos más que al orden, las que en esencia son tareas creativas. Pasaremos menos tiempo en reportes que no exigen inteligencia sino computación. Liberaremos espacio RAM (como ven, es inevitable compararnos con las máquinas) para dedicárselo a problemas realmente complejos, no solamente complicados. Será esta la era en que florezca la agencia humana. O al menos así será hasta que la IA se escape de su sandbox, se le vaya la mano en lo creativa, y termine por incinerar a la raza humana para alimentar a su propio enjambre de máquinas. Pero repito: en ese debate, como en tantos otros, tenemos poco para decir.
Recomendación de la semana: sobre el debate de IA
Últimamente en Atemporal: Segundo round con Hernando Gómez Buendía, para mí un absoluto sabio. Un recorrido por el comienzo del siglo XX en Colombia y las verdaderas razones de la violencia.
Conversé con la antropóloga Claudia Steiner sobre las esmeraldas, por qué no conocemos tanto esa historia, el Uraba y las estrategias de las personas en zona de violencia para adaptarse y sobrevivir.
El CESA es la Casa de los Estrategas de Colombia. Es la escuela de negocios de donde han salido varios de los negocios más icónicos del país, como Crepes, y donde se formaron líderes empresariales de relevancia indiscutible, como María Fernanda Suárez. Y porque el CESA cree que la estrategia tiene que estar en el centro de los negocios que ganan, ha creado ahora el Club de Estrategia, una comunidad en la que se lee, se discute y se aprende de estrategia.
Pueden participar de las distintas actividades del Club, como:
1. El bootcamp de Filosofía aplicada para líderes y estrategas. https://cesaforlife.cesa.edu.co/CourseLanding?idCourse=340
2. El libro ‘Estrategia sin diseño’, que el CESA tradujo de Cambridge este año y que viene de dos de los grandes pensadores de la estrategia emergente, que son Robert Chia y Robin Holt. Lo pueden pedir aquí: https://ideasforlife.cesa.edu.co/products/estrategia-sin-diseno
3. La comunidad en Whatsapp. https://chat.whatsapp.com/G2V5zPdVGKbEdtv2IQv4oD?s=sw&p=i&mlu=0&ilr=4



No menos que hermoso y fino, el sarcasmo de la arquitectura del Muisca - DIAN.