No hay quien vea tanto contenido
Adiós, mundo real.
Este año electoral va a ser alto en ansiedad. Ya la estamos sintiendo. Ya nuestras conversaciones están tomadas por la políticia. Qué bueno que sería hablar de estos temas entendiéndolos y habiéndose formado un criterio propio sobre la campaña. Por ese motivo La Silla Vacia lanza su curso ¿Qué está pasando en Colombia?, que va a estar enfocado en la campaña electoral.
Son 5 sesiones virtuales (7 a 9 am) en las que los participantes tendrán un espacio seguro para preguntar e interactuar con Juanita León, directora de La Silla. El curso está dirigido a todo tipo de profesionales que quieren entender qué es lo que está pasando con esta campaña electoral, que -no cabe duda- sera decisiva. Tienen hasta mañana, 20 de febrero, para inscribirse con el 10% de descuento usando el código ATEMPORAL. Acá más información.
Los veo en todas partes. En las calles, dentro de sus carros. Ayer fui a una oficina y los vi. Los creadores de contenido, pensábamos, iban a invadir la esfera digital, pero no. Con el paso de los días hemos constatado que la invasión está ocurriendo en el mundo real.
Al principio creí que era por la campaña política. Que tanta grabación -“rodaje”, le dicen los creadores de contenido- en las calles era porque los políticos tenían que salir a interactuar con sus fellow citizens. Pero me equivoqué. Esto viene de tiempo atrás. Son los estartaperos grabando sketches para mover su producto. Los burocrátas bailando para promocionar subsidios a la vivienda. Los papás registrando cada mínimo movimiento muscular de su recién nacido, que parece que lo supiera pues es capaz de salir con algo nuevo cada 15 segundos y así asegurar su cupo, junto con los influencers, en el 1% más fotografiado del planeta. ¿Cuántas piezas de contenido produce un bebé al día? Ya sé que es cínico verlo así. Pero qué hacemos, es el mundo que nos tocó.
Veo difícil que el mundo real pueda ganarle el pulso al mundo digital en los años venideros. Nuestras interacciones con el mundo físico se han convertido en interrupciones de rigor antes de retornar a nuestro hogar digital. Una hora manejando es recompensada por la dopamina de las notificaciones acumuladas. Muchos no aguantan la hora y por eso cada vez es más extraño encarar al conductor con el que nos cruzamos pues suele ir enfocado en el celular. No soy un hombre de cifras pero veo con mayor frecuencia carros chocados en la parte de atrás. Y eso que estoy hablando de Medellín, ciudad en la que el cuidado del carro es prioridad y los choques no se exhiben con orgullo como sabiamente hacen los italianos. Yo mismo fui víctima de un choque de esos. Una señora no fue capaz de mantener la concentración en un trancón monumental y clavó la trompa de su camioneta en el vidrio de atrás de mi carro. Casi sentí compasión por ella. Pobrecita, hoy en día es demasiado pedirle a la gente siquiera un poco de concentración. Otra victoria del mundo digital.
La pelea entre el mundo físico y el digital está desbalanceada. Del lado digital están los ingenieros de la adicción. Los mejores pagos y cuya única labor es forzarnos la mano para que busque mecánicamente el celular en el bolsillo del pantalón. Mientras tanto, el mantenimiento del mundo físico es tarea de burócratas mal compensados y maniatados. Por eso cada vez está más deteriorado, más sucio, más estancado. El mundo digital se alimenta de ingresos por publicidad, cuyo techo no conocemos ni conoceremos; el físico, de impuestos que nadie ha querido nunca -ni va a querer nunca- pagar. Cuando por fin se alcanza la paz en el mundo real, aparece alguien con un parlante o, peor, con el volumen del celular a tope mientras scrollea reels (sonido del infierno) y ahí sí -hay que admitirlo- lo mejor es escapar al mundo digital. Cuando por fin se llega a un lugar físico espectacular resulta que son tantos los creadores de contenido ahí aglomerados, que los burócratas maniatados se han visto forzados a enrejar la Fontana de Trevi y cobrar 2 euros por tomarse fotos frente a ella. Díganme si no está ganando todas las batallas el mundo digital.
El ludita que llevo adentro fantasea con irse a una cabaña en la mitad de la nada, con solo libros y películas en DVD, y emerger diez años más tarde hecho todo un scholar mientras el resto de la humanidad gastó una década consumiendo videos que olvidaron sobre la marcha. Hoy en día no me parece descabellado pensar que uno está a un nokia 1100 de lograr la dominación mundial. Pero al mismo tiempo pienso: qué frío esa cabaña en la mitad de la nada. Qué falta la que me haría la gente. Las risas. Los recuerdos. Y peor: qué falta que me harían las pantallas. Este mundo digital que secuestró al físico para producir más que todo bobadas, pero de vez en cuando bobadas que nos atrapan con vigor sobrenatural y se pasa uno las horas viendo a un tipo jugar basketball 1 contra 1 por todo el mundo con la actitud más arrogante del mundo.
Recomendación de la semana:
Bobadas digitales: MK 1v1
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Gran reflexión. ¿Será que estamos a nada de comprar un celular que solo sirva para comunicarse?