Traído a ustedes gracias al CESA.
El CESA es la Casa de los Estrategas de Colombia. Es la escuela de negocios de donde han salido varios de los negocios más icónicos del país, como Crepes, y donde se formaron líderes empresariales de relevancia indiscutible, como María Fernanda Suárez. Y porque el CESA cree que la estrategia tiene que estar en el centro de los negocios que ganan, ha creado ahora el Club de Estrategia, una comunidad en la que se lee, se discute y se aprende de estrategia.
Pueden participar del bootcamp de Filosofía aplicada para líderes y estrategas a través del siguiente enlace: https://cesaforlife.cesa.edu.co/CourseLanding?idCourse=340
No estoy hablando de los diferentes “actores armados” que han deambulado por nuestro país. Hablo de un solo individuo, alias Don Berna, que fue guerrillero, narco y paraco. En ese orden.
Uno lee libros de Alfredo Molano sobre los combatientes rasos de la guerra colombiana y cuesta encontrar una pizca de ideología en sus testimonios. Es una militancia más que todo económica. Por eso es posible que en este país se pase de guerrillero a narco y de narco a paraco. Pablo Escobar siguió un orden diferente: primero narco, luego funda un grupo paramilitar (el MAS), y hacia el final de la persecución del Estado y de sus enemigos intentaba ponerse a salvo procurando el camuflado de guerrillero. En Colombia antes que la ideología va la ambición, el hambre o el susto.
Ganó Lula en Brasil luego de una campaña que en principio era parecida a la colombiana: polarización irremediable, el aire crispado, la sensación de que si ganaba el que uno no quería se acababa el país. Pero con una diferencia: allá los brasileros se tomaron las calles. Aparte de una población polarizada, era una ciudadanía activa. Vi un entusiasmo genuino en marchas pro Lula y creo que lo mismo puede decirse de las movilizaciones de Bolsonaro. Acá en cambio se hablaba día y noche de política pero no se hacía nada, salvo esperar el desenlace. Pudo haber sido por miedo -después de todo no se puede olvidar que mataron a un candidato presidencial-, pero me da la sensación de que es algo más antiguo. Acá la gente es más apática con la política de lo que se cree y a la calle se acude más por la esperanza del rebusque que por la esperanza que pueda generar un proyecto político.
La crisis de Medellín de los 80 puede leerse como muchas cosas: una cultura de la muerte, un afán por el dinero fácil, una guerra urbana mezclada con una guerra entre el narcotráfico y el Estado. Pero también puede leerse como un problema de desempleo. En 1980 el desempleo de jóvenes en Medellín llegaba al 38% y para 1984 el desempleo de Medellín (16%) era considerablemente más alto que el de Bogotá (11%). Cinco puntos de diferencia no suenan a mucho pero eso a nivel de calle son una cantidad de jóvenes, “amurados” decían en la época, sin más proyecto de vida que el que pudiera ofrecerles la banda criminal del barrio.
Y no crean que me estoy poniendo Belisario. No estoy diciendo que esa gente recurrió a la violencia por motivo de la miseria. No creo eso. A lo que voy es que a un país que tantas veces ha contado su historia de violencia desde el lente de la ideología le convendría pensar de vez en cuando en la economía.
Hemos puesto el foco en atender las disputas de la ideología cuando quizás un foco en mejorar la economía (aka, creciendo) nos ayudaría a revelar que no era la mística ideológica la que mantenía a proyectos criminales en pie de lucha.
Tan primordial es la plata en las motivaciones del colombiano (y esto, valga decir, me parece apenas natural), que Petro, el peor presidente de lejos que hemos tenido, terminó con una aprobación bastante alta y casi reelige su proyecto político cuando subió en 23% el salario mínimo. Pensábamos que la política era compleja, que el programa, que la comunicación y la estrategia, que la repartija burocrática y las alianzas, y descubrimos que era tan sencilla como que a los electores los pone contentos el que les pone más plata en el bolsillo (así con ello quiebre al país en el proceso).
Carlos Suárez, el estratega del presidente, dijo que a la gente en campaña no le importan los planes de gobierno; que lo que importan son las emociones. Yo diría algo todavía más dramático: a la gente, en un país tan pobre y tan consumista, le importa una emoción por encima de las otras: la que se siente cuando el bolsillo está más lleno que vacío.
Recomendación de la semana:
Últimamente en Atemporal: El presidente Santos habló de su trayectoria previa a la presidencia, la importancia de la Federación de cafeteros en su carrera, de su proceso de toma de decisiones, sus arrepentimientos y más!
Conversé con Pascual Gaviria sobre la Medellín de los 80, cómo se explica tanta violencia, sus recuerdos y sus análisis al respecto.



