Evaluadores de ideas
Talento nacional.
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En PREVEO creemos que los proyectos exitosos no dependen únicamente de grandes decisiones, sino de cómo se gestiona el día a día. De la planeación rigurosa, del control constante y sobre todo, de la capacidad de anticiparse a los riesgos antes de que se conviertan en problemas.
Hoy, más que nunca, el futuro del trabajo y de la gestión de proyectos exige eficiencia real: equipos bien coordinados, procesos claros y decisiones basadas en información confiable. No se trata de trabajar más horas, sino de trabajar mejor, con metodologías que permitan cumplir objetivos sin sacrificar calidad, tiempos ni recursos.
En PREVEO acompañamos a nuestros clientes precisamente en ese camino. Desde la Veeduría de Gestión y la Supervisión Técnica, hasta la revisión de presupuestos y la programación de obra, nuestro enfoque está orientado a ordenar, controlar y optimizar cada etapa del proyecto. Cuando los procesos están bien estructurados, los resultados dejan de ser una apuesta y se convierten en una consecuencia natural.
Gestionar bien no es solo una buena práctica: es una decisión estratégica. Y quienes la toman hoy, son los que liderarán los proyectos del mañana.
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Hay una idea que siempre pensé que venía del pragmatismo gringo pues se la escuché primero a Rick Rubin, el productor musical que revivió a Johnny Cash hacia el final de su carrera y lo arrimó a las puertas de la trascendencia. La idea es esta: no me convenzas de tu idea, ejecútala.
Me la volví a encontrar hace poco leyendo Impro, un libro del teatrero británico Keith Johnstone. Supongo entonces que existe también el pragmatismo anglosajón. A la corriente a la que definitivamente no pertenece esa idea es a la del pragmatismo colombiano que, salvo por un par de excepciones notorias y por su teórico de cabecera (que no sabemos si él, en efecto, es pragmático), languidece en el país de la retórica. Acá no tenemos el bias for action gringo (inclinación por la acción), sino que más bien padecemos de un bias for discussion.
Somos grandísimos evaluadores de ideas y pésimos materializadores de ellas.
Rick Rubin decía que cada vez que un artista lo intentaba convencer de una idea para una canción, él lo interrumpía en medio de su pitch y lo hacía parar directamente en el estudio de grabación. Es la filosofía del “no me expliques: muestrame”. Johnstone la pone en estos términos en su libro: “los actores sugerían una posible aproximación, y si empezaban a explicar, Brecht interrumpía y decía que no quería discusión alguna en los ensayos; que tendría que ser interpretada”.
La acción devela los resultados; la retorica devela a los buenos oradores.
Por eso los debates en las campañas políticas son tan mal medidor de los buenos gobernantes. Pero lo inadecuado no les quita lo efectivo. Mi sospecha es que terminan siendo mucho más determinantes de lo que creemos; en segundos se deshace el trabajo de meses. En una respuesta equivocada -Serpa diciendo que extraditaría a Samper y Pastrana, su eterno enemigo, negándose-, en una actitud equivocada -Oscar Iván furioso frente a un Santos non chalant-, en un instante de agilidad mental -Petro corrigiendo a Fico en su discurso, “no diga rematar”- se ganan y se pierden presidencias.
A los políticos, me temo, no les queda de otra que seguir practicando el arte de la retórica. Esta ola de publicistas y personalidades mediáticas llegando al poder no parece que vaya a ceder pronto. En cambio, para el resto de nosotros la vía está libre. Podemos pasar a la acción sin tener que convencer a nadie. You can just do things, es el lema de los gringos por estos días.
¿Qué nos limita? Nuestras restricciones de recursos y poco más. De hecho, como argumentamos en Ante todo, hacer algo, muchas veces las limitaciones nos liberan pues de lo contrario nos encegueceríamos frente al destello de un sinfín de oportunidades.
La gran limitación para la acción no terminan siendo ni la falta de recursos ni el exceso de posibilidades. Termina siendo la inclinación por la discusión. Es en el horno de la retórica donde se queman la mayoría de proyectos. Especulo que es nuestro legado cultural, una de las manifestaciones etéreas de este país de la gramática. Sentimos una necesidad instintiva por consultar cualquier cosa con todo el mundo.
Es mejor ejecutar las ideas que consultarlas. Eso no quiere decir que la premeditación sobre, ni que el buen consejo amerite ser descartado. Pero sí quiere decir que entre más se exponen los proyectos embrionarios al escrutinio público, más agujeros empiezan a aflorar. Y ahí sí que hace falta mucha pericia en las dotes retóricas para tapar esos huecos, y mucha fortaleza mental para no desentusiasmarse con las críticas de un proyecto que ni la luz ha visto. ¿Y qué tal que uno para lo que sea bueno sea para ejecutar y no para defender sus ideas en el diálogo? Nuevamente Johnstone: “Mi sensación es que el mejor argumento puede que sea un testimonio de la habilidad del presentador más que de la excelencia de la solución presentada”.
Por eso, en la mayoría de instancias, en vez de defender una idea uno debería concentrarse en las acciones conducentes a encarnarla. Una vez traída a la vida, la idea ya verá si es capaz de defenderse sola.
Pero por más consciente que uno sea de esto, por más avezado en el arte de ejecutar proyectos, siempre hay momentos o circunstancias que reviven la resistencia de la que hablaba Steven Pressfield y uno se queda pegado hablando y hablando de un proyecto cuyo nacimiento se aplaza por fuerza de la procrastinación.
El escritor Michael Lewis dice que ha descubierto que entre menos atractivo le suene a los demás el libro en que está trabajando, más exitoso resulta ser. Yo ahora ando con una idea de libro y a todo al que le cuento le suena como LA idea de libro. ¿Mal augurio? No lo sé.
Por lo pronto más que ponerme a pensar en estas cosas, debería resistir esta tendencia tan colombiana de querer evaluar la idea antes que ponerla en práctica y resignarme a lo que he debido hacer desde que empezó este año: escribir ese bendito libro de una vez por todas.
Recomendación de la semana:
Candidatos al Congreso (cámara):
En Antioquia: Federico Hoyos, 104 del CD.
En Bogotá: Juan David Aristizábal, 111 del Nuevo Liberalismo.
Episodio de podcast:
Esta excelente exploración sobre lo que el trabajo ha significado y la relación cambiante que hemos tenido los humanos con él. Es producido por Juan Pablo Ramirez que es una leyenda oculta del mundo de los podcasts y que ha estado ahí desde que arrancaron.
Últimamente en Atemporal: 1. Entrevisté al presidente Álvaro Úribe Vélez sobre su trayectoria, la presidencia, si hay algún escenario en el que él no viva en Colombia y mucho más.
Entrevisté al legendario periodista Jorge Cardona sobre los 80 en Colombia. Jorge tiene una memoria enciclopédica que registra todo lo que sucedió en esa década; un deleite atemporal!





